lunes, 5 de junio de 2017

El Equipo de profesionales de la Asociación, invita a hombres y mujeres poder "mirar" desde otro punto de vista una película que nos permitirá reflexionar.
Los y las esperamos el próximo 23 de junio a las 18,30 hs. Disfrutaremos la película y compartiremos un debate al final de la misma !!!

Ps.D. Analía Riverón

jueves, 1 de junio de 2017

Morir de éxito?

Cuatro apuntes sobre los desafíos de los estudios  sobre masculinidades ante el patriarcado contemporáneo .

Matías de Stéfano Barbero (*) 
CONICET - Universidad de Buenos Aires


Un vistazo rápido por medios audiovisuales, diarios, revistas, publicaciones de ficción y científicas constata que las masculinidades están de moda. Aunque esta afirmación podría resultar paradójica porque, históricamente, las publicaciones que tienen como centro a los hombres son exageradamente mayoritarias. Como menciona Kimmel (1992), todo aquello que no explicite en su título la palabra mujeres, habla en realidad de hombres. Sin embargo, no lo hacen, como diría Lagarde (1996), en tanto “sujetos genéricos”, esto es, evitando concepciones naturalizadas, esencialistas, homogeneizadoras, individualistas y acríticas de lo que “es” un hombre y atendiendo a los procesos por los que -parafraseando a Simone de Beauvoir- se “llega a ser” hombre.
Los estudios sobre masculinidades iniciaron su andadura en los países anglosajones, en los años ochenta del siglo XX, al abrigo de la tercera ola feminista. Desde entonces mucho se ha debatido y reflexionado y, si bien podemos considerar a los estudios sobre masculinidades mayores de edad, se encuentran aún en proceso de maduración. Involucrando a una multiplicidad de agentes (que incluyen movimientos y estudios feministas y sociales, medios de comunicación, Estados e instituciones, entre otros), este proceso se encuentra en un contexto local, regional y global donde la crítica de los estudios de género y el feminismo -desde donde considero que deberían partir los estudios de masculinidades- han trascendido las fronteras de la militancia y la academia con un riesgoso éxito. El riesgo radica en que a mayor éxito, mayor es la exposición al carácter reactivo del patriarcado, que muestra su resistencia al cambio renovando constantemente sus trampas, revitalizando su particular “sentido común” e instrumentalizando y vaciando de contenido nuestras herramientas conceptuales en un afán de erosionar el filo crítico de nuestras reflexiones. Por supuesto que los estudios sobre masculinidades no escapan a este desafío y corremos el riesgo de reproducir sesgos epistemológicos y analíticos que podrían hacerle el juego al patriarcado. Desde esta base sugiero cuatro apuntes a tener en cuenta para que los estudios de masculinidades no mueran de éxito a manos del patriarcado contemporáneo: la reducción, la esencialización y homogeneizacón, la individualización y la no problematización.

1. La reducción mercantilista de las masculinidades se evidencia en que, de un tiempo a esta parte, se han instalado en el centro de la escena lo que ha devenido en llamarse nuevas masculinidades. Más que una herramienta crítica de análisis este parece ser un concepto meramente descriptivo impulsado en parte por los medios de comunicación -aunque veremos que no exclusivamente-, que crean una suerte de ilusión de cambio cultural, anclándose en lo meramente estético: los nuevos hombres están más pendientes del espejo[1] y resignifican la potencia y el cuidado[2]. Luciano Fabbri, quien también escribe en este número de Andariegas, ha reflexionado al respecto, a propósito de las nuevas masculinidades futbolísticas: “estos nuevos modelos son funcionales al capitalismo, implican nuevos nichos de consumo”[3]. Como señala Leston (cit. Whelehan, 1995) pareciera que “el nuevo hombre existe fehacientemente en los portafolios de los creativos de las compañías de publicidad y que es otra forma de reafirmar el poder de los hombres”. Si bien la hegemonía no supone un control total, y puede ser fracturada, no encontraremos precisamente cuestionamientos en el mercado, sino la evidencia de cómo la hegemonía despliega procesos de hibridación que llevan a la masculinidad hegemónica a incorporar elementos de otras masculinidades históricamente subordinadas. Ejemplo de ello es cómo “la masculinidad hegemónica occidental ha incorporado elementos de las masculinidades gay” (Demetriou, cit. Connell, 2005), que han sido previamente visibilizadas, integradas y filtradas por el capitalismo como un nuevo grupo de consumo. Por otra parte, suele representarse a la nueva masculinidad con unos modelos de hombres y no con otros. Entonces, ¿desde dónde y cómo habitan el género las nuevas masculinidades, si son producto del mercado, blancas, de clase media y eminentemente heterosexuales? Esta perspectiva mercantilista de la masculinidad, cómplice con el capitalismo -pero también con el heterosexismo, el racismo y el clasismo- no pareciera constituirse como una herramienta útil para pensar críticamente las masculinidades, sino más bien como una estrategia de expansión de los límites del mercado, en una desactivación del potencial crítico para favorecer la (re)producción de masculinidades que seguirán sin contribuir al cambio político y social en las relaciones de género.

2. La esencialización y homogeneización de las masculinidades parten de la extendida confusión de sexo biológico con género. Sobre todo basándose en datos estadísticos, los estudios que diferencian por sexo los fenómenos sociales, han sido -en ocasiones- los disparadores de la aplicación de la perspectiva de género en lo relativo a los hombres (Nuñez, 2009). Sin embargo, las estadísticas -por ejemplo sobre suicidio, accidentes de tráfico, consumo de drogas, actos delictivos, etc.- no pueden ofrecernos información sobre los discursos y prácticas que nos ayuden a comprender a los hombres como sujetos genéricos. Esto es, basar estudios en datos estadísticos de quienes cumplimentaron el casillero de “sexo” definiéndose como hombres no sólo no implica estudiar con una perspectiva de género los procesos por los cuales las masculinidades configuran las prácticas de los hombres, sino que contribuye al imaginario erróneo de que existe efectivamente un colectivo homogéneo al que podemos etiquetar sin más como “hombres”. Introducir variables tales como clase, etnia, nivel educativo, edad, etc., no necesariamente evita la homogeneización, ya que no implica, per se, la utilización de una perspectiva interseccional que dé cuenta de cómo operan las masculinidades en conjunción con otras formas de opresión. Es frecuente encontrarnos titulares que reparan en que son los muchachos jóvenes de barrios periféricos y con escasa educación formal los que caen en la delincuencia y el consumo de drogas. Si en el primer supuesto corremos el riesgo de homogeneizar a “los hombres”, ahora corremos el riesgo de esencializar a los “hombres jóvenes pobres”. Lejos de ayudarnos a comprender cómo la subjetividad masculina interactúa según clases sociales, edad o educación, ayudan a instalar un imaginario relativo a la masculinidad adolescente de clase baja, donde pueden caber desde explicaciones biologicistas -hormonales- sobre la adolescencia, hasta racistas, culturalistas o clasistas (Núñez, ibíd.). Siguiendo a Connell (1995:61), “no debe ser suficiente con reconocer que la masculinidad es diversa, sino que también debemos reconocer las relaciones entre las diferentes formas de masculinidad: relaciones de alianza, dominio y subordinación. Estas relaciones se construyen a través de prácticas que excluyen e incluyen, que intimidan, explotan, etc. Así que existe una política de género de la masculinidad”, lo que nos llevará al siguiente punto.

3. La individualización es un riesgo que se corre incluso desde las ciencias sociales cuando se hace referencia a las nuevas masculinidades para referirse a aquellas encarnadas por hombres que “comparten” las tareas domésticas con sus parejas, muestran una “mayor dedicación” al ejercicio de su paternidad o una “mayor consideración” como amantes que los distancia de otras formas de masculinidad tradicional (Kimmel, ibíd.). Estas características parecieran inaugurar una era de apertura y pluralidad al modelo férreo de masculinidad hegemónica; una era donde, según Boscán (2008:106) “cada uno tiene la libertad de decidir la clase de masculinidad con la que más cómodo se sienta”. Como señala Kimmel, esta suerte de “psicología pop” de introspección masculina debería cuando menos despertarnos alguna suspicacia. Si el estudio de las masculinidades adquiere su coherencia como objeto científico en el ámbito más amplio de las relaciones de género, debemos tener en cuenta que detrás de estas concepciones puede albergarse una perspectiva individualista y reduccionista del género que, en cierta manera, atribuye principalmente a la voluntad individual las rupturas y continuidades con los modelos hegemónicos de masculinidad. Aún si diéramos por válida esta posición, cabría preguntarse ¿en qué medida estas prácticas erosionan la perpetuación de la subordinación de las mujeres -u otras masculinidades-, o el privilegio de los hombres? Una reflexión crítica individualizada sobre nuestra masculinidad no implica necesariamente una conciencia feminista y, por tanto, un compromiso con sus luchas. La masculinidad hegemónica puede definirse como la “configuración de la práctica de género que incorpora la respuesta aceptada, en un momento específico, al problema de la legitimidad del patriarcado, lo que garantiza (o se considera que garantiza) la posición dominante de los hombres y la subordinación de las mujeres” (Connell, ibíd.:117). Por ello, existe la posibilidad de que, sin atender a las relaciones de género, por ejemplo, al interior de un núcleo familiar, el mero hecho de “compartir” las tareas domésticas o asumir una “mayor dedicación” a la paternidad, sean actitudes para justificar el reclamo de autoridad de los hombres sobre las mujeres: un hombre que además de “sus tareas”, cumple con las que “no le son propias”, tiene mayores posibilidades de éxito en el reclamo de autoridad. Por otra parte, el sistema sexo-género, al tratarse de un sistema relacional, hace que los hombres, por más que “decidamos” no ejercer los privilegios que se nos adscriben por el mero hecho de serlo, estemos inscritos en estructuras que nos privilegian, aún contra nuestra voluntad. En esta línea, Segal (1991), afirma que el cambio no está tan relacionado con lo psicológico como con lo cultural y lo estructural, y que, por tanto, conseguirlo será mucho más complicado que simplemente “elegir” una masculinidad diferente de la hegemónica, justamente porque eso que podría parecernos una cuestión personal, es en realidad -parafraseando la máxima feminista- una cuestión política, ya que implica una amenaza profunda al patriarcado.

4. La no problematización del concepto “hombre” invisibiliza las disputas, incoherencias y contestaciones que las identidades lesbianas, queer y trans realizan de lo que la subjetivación de la masculinidad implica (Nuñez, 2009). Si adoptamos, un punto de vista dinámico y diacrónico, entenderemos la masculinidad -y la feminidad- como “proyectos de género” (Connell, 1995), siempre endebles, flexibles, cambiantes. La problematización del concepto “hombre” supone un reto epistemológico -e incluso metodológico- para quienes investigamos masculinidades, pero también supone un reto político. El mantenimiento de la hegemonía, en cualquiera de sus formas, necesita de esfuerzos constantes de invisibilización de las alternativas, de castración de la reflexividad y de ocultamiento de las grietas. Desde la perspectiva de una investigación aplicada e implicada, algo que puede parecer inútil, como preguntar a nuestros investigados si “son” hombres, “qué tipo” de hombres son y “por qué”, puede -además de generarnos algún momento intenso durante la entrevista- favorecer su cuestionamiento sobre una condición que suele ser tenida por estática, aproblemática e incuestionable, ayudando a desactivar la más efectiva de las trampas tendidas a los hombres por el patriarcado contemporáneo: que “eso del género es cosa de mujeres”.

Bibliografía
Boscán, A. (2008) “Las nuevas masculinidades positivas”, en Utopía y Praxis Latinoamericana, Año 13, Nro. 41, pp. 93-106.
Connell, R.W. (1995) Masculinidades. México: PUEG.
Connell, R.W.; Messerschmidt, J.W. (2005) “Hegemonic masculinity: Rethinking the concept”, en Gender and Society, 19, 829.
Kimmel, M. (1992) “La producción teórica sobre masculinidades: nuevos aportes”, en Fin de siglo. Género y cambio civilizatorio, pp. 129-138. Santiago de Chile: Isis internacional.
Lagarde, M. (1996) Género y feminismo: desarrollo humano y democracia. Barcelona: Horas y horas.
Nuñez Noriega, G. (2009) “Los ´hombres´ en los estudios de género de los ´hombres´: un reto desde los estudios queer”, en Ramírez, J.C. y Uribe, G. Masculinidades. El juego de los hombres en el que participan las mujeres, pp. 43-57. Madrid: Plaza y Valdés.
Segal, L. (1991) Slow motion: changing masculinities, changing men. New Brunswick: Rutgers University Press.
Whelehan, I. (1995) Modern feminist thought: From the second wave to “post-feminism”. Edimbourgh University Press. Traducción de José María Espada Calpe, 1998.





(*) Matías de Stéfano Barbero
Ha cursado sus estudios de Grado en Antropología en la Universidad Complutense de Madrid y la Maestría de Antropología de Orientación Pública en la Universidad Autónoma de Madrid. Actualmente (2015) es becario doctoral del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CONICET) y Doctorando en Antropología en la Universidad de Buenos Aires. Su tesis doctoral aborda las intersecciones entre violencia(s) y género en los Grupos Terapéuticos de Hombres Violentos en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina. Co-cordinador de los "Grupos de hombres que ejercen violencia a sus parejas" 




jueves, 23 de marzo de 2017

Congresista dominicana: "Si no me hubieran violado cuando niña"

"Si no me hubiesen violado cuando era niña y los adultos me hubieran creído, no hubiera sido trabajadora sexual", porque el varón niega sistemáticamente, la fuerza probatoria de tales indicios paranoicos: incluso cuando conservan el recuerdo de los hechos que registra la propia historia de arcángeles, liderazgos, monarquías, eclesiásticos, filosofía patriarcal,tiranías, guerras santas, raza superior, etc., mascaradas que prolongadamente recubren su irresoluble perversión y ambigüedad sexual.

Fuente: "Red no a la Trata" - Lic. Osvaldo Buscaya  (17 de marzo 2017) 
Años de abusos la llevaron a ser una trabajadora sexual. Haber conocido esa realidad, en República Dominicana, la alentó a unirse a otras mujeres y luchar por los derechos de la población más vulnerable.

"Si no me hubiesen violado cuando era niña y los adultos me hubieran creído, no hubiera sido trabajadora sexual", dice Jacqueline Montero, exprostituta que ahora ocupa un escaño en el congreso dominicano.Montero es diputada del municipio Bajos de Haina, uno de los más contaminados, con mayor índice de criminalidad y de embarazo adolescente, perteneciente a la provincia de San Cristóbal, en el sur de República Dominicana. 
"Cuando una no tiene ni qué comer, una sale con el primero (hombre) que aparezca". Jacqueline Montero, diputada del Congreso dominicano
La representante del Partido Revolucionario Moderno (centro izquierda), congresista desde agosto de 2016, de pequeña vivió en casa del esposo de su tía que abusó sexualmente de ella repetidas veces desde los nueve años, reseña 'Noticia al Día'.Estos vejámenes se unieron a los golpes de su madre y su hermano, hasta que decidió casarse a los 16 años para escapar de su realidad. Sin embargo, su pareja comenzó a beber y nuevamente fue víctima de la violencia física.
Cuando no hay qué comer
"Cuando una no tiene ni qué comer, una sale con el primero (hombre) que aparezca", dice Jacqueline, también presidenta del Movimiento de Mujeres Unidas (Modemu), que lucha por los derechos de las trabajadores sexuales, recoge 'Listín Diario'.La noche antes de prostituirse por primera vez intentó suicidarse lanzándose a un camión en movimiento que la esquivó y que resultó ser conducido por un allegado de su familia, que la llevó a casa.Una amiga, que supo de su intento fallido, le presentó una alternativa: "Pa’ estar tú matándote, mejor vente a cuerear (prostituirte) conmigo".Jacqueline, de 46 años, vendió su cuerpo por una década.  Recuerda que sentía nauseas cada vez que estaba con un cliente y que tenía que emborracharse para poder irse con hombres a la cama.
De prostituta a activista
Tras una golpiza de un cliente que se negaba a usar preservativo y un accidente que la dejó incapacitada por ocho meses, decidió cambiar su vida, recoge 'Diario Libre'.En 1998 comenzó a estudiar enfermería, aún siendo prostituta. Posteriormente trabajó en una clínica que atendía a trabajadoras sexuales y a pacientes con VIH.
En los años noventa creó la organización Modemu, junto a otras cuatro mujeres, para ofrecer capacitación en oficios, atender clínicamente y dar asesoría legal y sobre enfermedades de transmisión sexual a las prostitutas, que según cifras no oficiales, llegan a 200.000 en República Dominicana.En 2010 fue elegida como concejal de Bajos de Haina. Durante su gestión promocionó la capacitación de trabajadoras sexuales, que luego de graduarse dejaron de prostituirse, informa 'Diario Libre' citando a 'AP', y logró acuerdos con una institución bancaria para ofrecer microcréditos a mujeres emprendedoras.Desde 2015 es diputada y ha manifestado que someterá un proyecto de Ley para regular el trabajo sexual, con la finalidad de que cesen los abusos policiales y la discriminación contra quienes ejercen la prostitución.
 Nota subida por Malena Manzato

jueves, 16 de marzo de 2017

Para romper el silencio

Publicación de  "PUBLICABLES" Noviembre 2016 , en el contexto del Día Mundial de Prevención del Abuso Sexual en la Infancia"
Actividad de la Asociación junto a la Red Nacional

El sábado 19/11/2016 se realizó una campaña de concientización para la prevención de abusos a menores, en Parque Lezama, en el marco del Día Mundial de la lucha contra el Abuso Infantil. Con carteles que rezaban frases como: “¡Rompamos el silencio!”, “Escuchá a los niños”, “Los menores dicen la verdad”, entre otros; juegos; y fotos de famosos que levantaban la misma bandera.



Malena Manzato, Directora de la Asociación Pablo Besson, que forma parte de la Red Nacional de Infancia y es integrante del Equipo Técnico Interdisciplinario en Dirección general de la Mujer del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, explicó a Diario Publicable: “El abuso sexual todavía es un mito simbólico del que mucha gente habla pero también sigue guardando el secreto. Si tenemos en cuenta que llega una denuncia cada diez abusos, la cifra es muy alarmante. Tenemos que hacer más campañas de prevención para romper con esto”.

Por su parte, Celeste Sibiglia, miembro de la organización ‘Olavarría Despierta’, y organizadora de la campaña de hoy, comentó el objetivo de la lucha: “Los pedófilos siguen dando vueltas haciendo su vida y provocando daños. Es necesario concientizar sobre esta problemática que no es algo para callar, es para gritar.

Fabián Fernández, que también forma parte de la organización, opinó que “por un abuso simple pueden dar hasta 4 años de condena, misma cantidad de años que le dan a una persona que genera carreras de perros", y agregó que la Justicia no puede medir todo con la misma vara.

TESTIMONIOS DE SOBREVIVIENTES

Andrea Mila fue abusada por su hermano desde los 6 años hasta los 12, participó de la movilización y contó a Publicable: "Hace dos años denuncié a mi hermano, cuando me enteré que iba a ser papá, ya que pensaba que la historia podría repetirse". Sin embargo, la Justicia no actuó porque pasaron 15 años desde el abuso. “Así, mi caso y el de muchos quedó en el olvido”, se lamentó y expresó que mirar más allá de su experiencia fue lo que la ayudó. “Se cree que es una problemática personal, pero en realidad es una problemática social”, finalizó.

Victoria Acevedo también contó su historia: “Tengo 29 años, al principio no quería hablar porque pensaba que mi abuso me había pasado a mi sola y que me iban a tratar de rara cuando lo contara. Después me di cuenta que le había pasado a muchas personas. Lo común y lo normal es que las mujeres nos callemos y no lo digamos, porque nos cuestionan".

Nadia Banigno declaró: "La Fiscalía no me dejó ingresar la denuncia porque el delito ocurrió hace 29 años". La abusaron cuando tenía 6 años y según la ley, tenía tiempo de denunciar hasta los 9.

EL RECLAMO, EN PALABRAS

Mila: “Yo pido un cambio legislativo para tratar específicamente el abuso sexual en la infancia, entendiendo que la víctima tiene muchísimos años de silenciamiento personal”.

Malena Manzato: “A los niños hay que creerles, nunca un niño va a dejar de decir la verdad o va a inventar algo respecto a su sexualidad. La voz del niño es importante, no hay que pensar ni dudar. No hay casos que demuestren que los niños cuando hablan de abuso sexual mientan”.

Celeste Olavarría: Vos llegás a la justicia y no te dicen que es lo que tenés que hacer y para eso estamos nosotros (las organizaciones) para salvaguardar pasos y angustias, para alivianar el camino a otras personas”.

Victoria Acevedo: “Invitamos a que las mujeres a que se animen a denunciar pese a que la justicia nos diga que nuestra denuncia está prescripta. Al hablarlo, le damos la posibilidad a los niños y las niñas de que lo hablen.

ABUSO SEXUAL INFANTIL EN NÚMEROS



En base a la "Estadística sobre niñas, niños y adolescentes víctimas de abuso sexual y violación", acompañados por el Equipo de Atención a Víctimas de Violencia Sexual...

De un total de 5.240 víctimas de violencia sexual:

19%       Niños de 6 a 10 años
15%       son niños hasta los 5 años
41%       Entre 11 y 15 años
25%       Entre 16 y 18 años



1 de cada 5 niñas sufre abuso sexual en la Infancia
1 de cada 13 niños sufre abuso sexual en la infancia


http://www.diariopublicable.com/sociedad/6195-para-romper-el-silencio.html






viernes, 3 de marzo de 2017

"Cada 30 días" - Una película para la reflexión


Por razones de capacidad la película será presentada en  la Iglesia Bautista de Constitución - Cita en el Barrio de Barracas, Avenida Montes de Oca 260 - CABA -  Con la presencia de su Directora, Alejandra Perdomo y testimonios de familiares de víctimas de femicidios.

jueves, 2 de marzo de 2017

Violencia y Actualidad

      Cynthia Adler.
      Lic. en Psicología.
      Co-Coordinadora de grupos de mujeres.
     Asociación "Pablo Besson"


¿Que podríamos hipotetizar acerca de la violencia en estos días?  Podríamos pensarla como un trastorno bio-psico-social. Convoco a estos tres aspectos en estrecha relación porque es una conducta aprehendida, lo repetimos en capacitaciones y en las dinámicas grupales de la institución. ¿Qué significa eso? Que venimos predispuestos desde la casa parental a padecerla o generarla, tanto pasiva como activamente: el rol que ocupemos no depende del sexo necesariamente; y digo necesariamente porque la singularidad aparece en el caso por caso. A pesar de ello, lo que se encuentra más visibilizado actualmente es la violencia ejercida desde el hombre hacia la mujer, en una puja por poder. El poder del control, del orden de la normativa vigente de cómo deberían  ser las cosas según los victimarios y la sociedad.
Nombro aquí a la predisposición de apropiarse de un modo de conducta desde la primera socialización (es decir desde el hogar parental y a una corta edad) como un filtro frente a cómo actuar a futuro: implica no poder discernir un mal-trato físico o psicológicamente patológico. Entonces, partiendo de un general y no un particular (dado que siempre es importante discernir el caso-por-caso), la naturalización por aprehensión desde el hogar favorece a la repetición en futuros vínculos. ¿Es eso lo único que influye hacia la repetición? No, claro. También tenemos las instituciones que favorecen o dificultan que esto suceda, es decir, ¿Que hay de políticas estatales que ayuden en la temática?

Es relativamente reciente la visibilización de la violencia de género como un problema que aumenta con el tiempo, pero eso no significa que pase sólo ahora, sino que ahora se empezaron a sacar los trapitos al sol. La otra cara de esta moneda es que hay respuestas sociales frente a la violencia como ser ¿Y ella que hizo? ¿Y dónde estaban los padres?




Hay muchas cuestiones para desentramar en el medio. Por un lado tenemos lo que se vive en casa, por otro lado tenemos el reclamo de la sociedad, la injusticia y la escasa prevención que hay. Con escasa intento hacer referencia a que la prevención que se imparte es direccionada a cómo no ser víctima cuando considero que debería apuntar a cómo no convertirse en victimario. En cómo discernir entre correcto e incorrecto, como desarmar algo de lo nocivo que se mama desde el hogar. Se debería comenzar a desarmar algo de la afección traumática que genera ser criado en un hogar patológico de maltrato y abuso. Esta es la crisis en las instituciones, en la casa, en la escuela y en la justicia. Una pérdida de eje, de discernimiento, de reflexión, de valorización que se logra establecer con el tiempo puesto que no hay políticas públicas que ayuden a que estos niños puedan salir de un camino que se va haciendo solo.

Entonces, bio-psico-social podría pensarse como lo aprehendido, en tanto forma de interpretar la realidad y el modo de verse en ella; en la violencia como dos lugares en un vínculo patológico: un lugar de poder y uno de sumisión, repitiendo lo aprehendido o dándole un giro: ser activo como agresor lo que se vivió en la infancia como víctima, pasivamente o viceversa: son lugares intercambiables.

El trato respetuoso y amoroso se va tiñendo de otros colores patológicos en estas modalidades particulares de relacionarse, y la sociedad, lo repite, reafirma y en algunos casos hasta banaliza en los medios de comunicación. Esto se ve reflejado desde las publicidades de mujeres en la cocina, o los juguetes sexistas que se imponen a los niños; desde la cosificación de la mujer en algunos programas, o hasta gestionar un reclamo para buscar prensa y promocionar un espectáculo. Como si fuera poco, la banalización genera además el debate fuera de eje, mezclando publicidad y sufrimiento, terminando por un debate que puede concretarse en ¿Pero y vos que hiciste para merecerlo, lo provocaste?

Los valores comienzan en el hogar, pero siguen un recorrido; sería muy simple decir que es sólo culpa de los padres. Si bien no es así, representan el primer y más importante filtro ante la mirada hacia la vida, aunque no el único. Encontrarse también en un lugar incómodo de la sociedad en donde se cree que no hay forma de lograr objetivos también genera descontento social y puede generar violencia sin precedentes.

Otra situación que genera polémica es minimizar la violencia y hasta anularla si no se manifiesta específicamente fìsica. Se añaden a ésta la simbólica, psicológica, mediática, económica y ambiental. No son excluyentes entre sí y pueden superponerse lentamente. Con esto quiero decir que una marca en el cuerpo puede borrarse y dejar secuelas, pero las que no dejan marca a la vista también dejan secuelas, tal vez hasta de mayor gravedad. La violencia no-física es silenciosa, insidiosa y afecta la esfera psicológica, es decir, la capacidad de disfrutar, de ser feliz, de tener una voz para con otros, para con la sociedad, con un par, para desempeñarse en un empleo, etc. Es difícil de distinguir la violencia no-física puesto que se considera generalmente que si no hay golpe, no hay delito.

Para ir concluyendo, quiero destacar que, a pesar de que muchos consideran que la violencia es una patología de la actualidad, lo más acertado sería pensar que ahora se está dejando entrever en los distintos estratos de la sociedad. ¿Por qué ahora hay una mostración de la violencia? Hay mucho para desarmar en esta cuestión. Considero que uno de los factores de su emergencia es producto de la movilización social, el problema es que la forma de resolverla, o el fin de esta modalidad de vinculación social, no se avecina, mucho debe cambiar para que frene: desde el Estado, desde las instituciones, desde el sistema educativo y desde los hogares, dando a los niños una crianza de valores, límites saludables y lo necesario para el crecimiento en tanto poder satisfacer sus necesidades básicas. Sólo con dichos aspectos de la vida funcionando correctamente podría ser más clara la detección temprana de esta “patología del acto” o su fin.
Dos siglos atrás Rousseau decía "El hombre es bueno por naturaleza, es la sociedad la que lo corrompe".  ¿En algún momento la sociedad tendrá cura?