lunes, 12 de febrero de 2018

Punteo para comprender la importancia de las medidas conminatorias en el procedimiento de violencia familiar

Por Diego Oscar Ortiz (*)
Doctrina en dos Páginas - Diario Familia y Sucesiones  N° 141 - 09/02/2019


I.- Punteo
Seguidamente como una manera didáctica de presentar la importancia del tema en este procedimiento, voy a hacer un breve punteo:
  • Cuando se adopta este tipo de medidas se ha llegado a la instancia en la que el freno judicial impuesto con la adopción de medida/as de protección no ha cumplido su principal objetivo que es el cese de los actos perturbatorios de violencia y dicho freno es burlado reiteradas veces con más actos de violencia o no (como cuando el denunciado se acerca mediando una prohibición de acercamiento y/o contacto debidamente notificada sin haber un/os hecho/os de violencia más que el incumplimiento al haberse acercado)
  • La repetición de actos (con violencia o no) requiere una actuación judicial inmediata que intente frenar la escalada de violencia ejercida por el denunciado que vulnera la integridad psicofísica de la denunciante y/o su grupo conviviente.
  • Las conductas reiterativas que realiza el denunciado para eludir el cumplimiento de las medidas no solo desoyen las intimaciones judiciales al cumplimiento de la resolución judicial sino que exponen a la parte denunciante y/o su grupo familiar a eventuales situaciones de violencia de cualquier tipo. La adopción de la medida no es solo por el desprecio que ha tenido la parte denunciada a la resolución judicial sino por exponer con dicha actitud a mayor riesgo a la parte denunciante y/o su grupo conviviente.
  • El juez en este procedimiento tiene un rol activo al ver como se vienen suscitando las circunstancias para tomar medidas concretas y efectivas que protejan a las personas implicadas. Tiene una labor en la adopción, seguimiento y sanción ante el incumplimiento de las medidas. En esta última etapa se incluyen este tipo de medidas que dependen directamente de las circunstancias del caso.
  • Estas medidas así sea indirectamente ejercen un rol docente en las partes, es decir imparten educación sobre temas relacionados a la justicia, el rol de los operadores en la protección de las personas, la fuerza de las resoluciones judiciales, su ejecutoriedad, entre otras cosas. Enseña a la parte denunciante sobre la utilidad y/o efectividad de instar la actividad jurisdiccional para solicitar protección y a la parte denunciada sobre la obligatoriedad de las resoluciones judiciales y que las mismas no se pueden despreciar con incumplimientos constantes[1].
  • La medida se debe analizar dentro de la legislación de protección contra violencia familiar y de género y del marco normativo internacional conformado por la Convención CEDAW y Belem do Pará. El art 7 de la Convención Belem do Para establece entre los deberes del Estado, el de adoptar “medidas jurídicas para conminar” al agresor a abstenerse “de hostigar, intimidar, amenazar, dañar o poner en peligro la vida de la mujer de cualquier forma que atente contra su integridad o perjudique su propiedad”(inc. d).
  • La medida debe ser analizada teniendo en cuenta el procedimiento en el que se la dicta, como por ejemplo, el de violencia familiar que es un procedimiento especial que apunta al resguardo de la integridad psicofísica de las personas en situación de violencia mediante la adopción de medidas específicas de protección acorde a la plataforma fáctica presentada.
  • Los cuestionamientos de derechos constitucionales en juego que puedan surgir no quitan licitud a las medidas que tienen como finalidad asegurar el derecho de la mujer a una vida libre de violencia y en particular, a obtener medidas integrales de protección y seguridad, tanto urgentes como preventivas conforme surge del art. 3° de la Convención Interamericana para Prevenir, Erradicar y Sancionar la Violencia contra las Mujeres, art. 3°, inc. h, y art. 16, inc. e de la ley 26.485.
  • Su decreto es un paso más para lograr la eficacia de las medidas de protección. El sistema procesal debe prever una serie de mecanismos para tutelar el deber general de cumplir los mandatos judiciales, sea sancionando su infracción, sea estableciendo herramientas para compeler a su cumplimiento, siendo procedente la aplicación de medidas tendientes a coaccionar sobre la voluntad de quien se niega a cumplir, sin que corresponda atribuirles un carácter subsidiario. Junto a la necesidad de una adecuada ejecución se vislumbra la necesidad de premunirla de eficacia[2].
II.- Conclusión
 Como conclusión, la medida conminatoria en este procedimiento tiene una finalidad particular que se agrega a las características generales propias de cada medida. La misma reside en agudizar y efectivizar la protección de las personas en situación de violencia.

[*] Abogado (UBA), Profesor Universitario en Ciencias Jurídicas (UBA), Especialista en Violencia Familiar ( UMSA), Director de la Revista de Actualidad en Derecho de Familia de Ediciones Jurídicas, autor de artículos y libros de su especialidad.
[1] Estos términos se encuentran en el fallo “L. s/ Violencia familiar” (Expte. N° 415/2017), en trámite ante este Juzgado de Primera Instancia de Familia de la Circunscripción Judicial de Rawson, 19/09/17
[2] PÉREZ RAGONE, Álvaro, SILVA ÁLVAREZ, Oscar, “El imperativo de transparencia patrimonial del deudor como requisito funcional para una ejecución civil eficiente”, Revista Ius et Praxis, año 15, n° 2, p. 79, autor citado en el fallo “L. s/ Violencia familiar” (Expte. N° 415/2017), en trámite ante este Juzgado de Primera Instancia de Familia de la Circunscripción Judicial de Rawson, 19/09/17

viernes, 22 de diciembre de 2017


1997 - 2017

En el 20º Aniversario de la Asociación Pablo Besson, agradecemos todas las personas que nos acompañaron a lo largo de éstas dos últimas décadas y que además confiaron en la Institución.
Las fotos pertenecen al Equipo de Profesionales Multidisciplinario que asiste a cientos de personas en situaciones de crisis familiares. Profesionales con mucha formación, pasión y dedicación, transitando la maravillosa tarea de acompañar procesos de mujeres, varones. niños y niñas en la búsqueda de relaciones asertivas.
Diciembre de 1997, junto a tres personas más comenzaba éste desafío de abrir una organización en la sociedad civil, veníamos de años de servicios en un Centro Comunitario de una Iglesia Local y empezamos a soñar.  Pasamos por valles, desiertos, alegrías, tristezas, pero llegamos hasta aquí Diciembre 2017. Ebenezer

Hoy somos estos  23 compañer@s , tal vez mañana seamos otr@s, pero damos gracias a Dios porque también la Asociación ha sido y es un espacio para la formación experiencial de l@s mas jóvenes

Primera línea: De izquierda a derecha ell@s son:
1) Analìa Riverón - Psicodramatista -Coordinadora de Grupos de  Mujeres en Situación de Violencia
2) Sabrina Silva - Trabajadora Social - Coordinadora de Grupos de Mujeres en Situación de Violencia
3) Verónica Morales - Psicóloga Social - Coord. de Grupos de Mujeres en Situación de Violencia
4)  Malena Manzato - Psicóloga Social - Coord. de Grupos de Hombres que ejercen Violencia
5) Matías Gutawski - Psicólogo Clinico - Terapia individual - Docente de Capacitaciones varias
6) Candela Micella - Psicóloga Clínica - Asistencia en Maltrato  y Abuso Sexual en la Infancia

Segunda línea:
7) María Blanco - Psicóloga Clínica - Especialista en Delitos de Violencia Sexual y Abuso Sexual alarga data (personas adultas que han sido víctimas en su niñez)
8) Patricia Quintana - Psicóloga Clínica - Especialista en Violencia Familiar - Asistencia en Maltrato y Abuso Sexual en la Infancia
9) Liliana Mastandrea - Trabajadora Social - Coord. del Grupo de Hombres que ejercen Violencia
10) Sebastián Kikuchi - Psicólogo Clínico - Supervisor Profesional del Equipo que trabaja con hombres que ejercen violencia - Integrante de RETEM
11) Verónica Tapia - Trabajadora Social - Especialista en Violencia Familiar- Coord. de Grupos de Hombres que ejercen Violencia
12) Andrea Candia - Psicóloga Clínica - Asistencia Individual y Coord. de Grupos de Mujeres en situación de violencia
13) Daniela Branchifortti - Psicóloga Clínica - Asistencia Individualy Coord. de Grupos de Hombres que ejercen Violencia
14) Sandra Gonzalez - Abogada - Especialista en Violencia Familiar
15)  Claudia Massini - Counseling - Coordinadora de Grupos de Mujeres en situación de Violencia

Tercera línea: 
16) Juan José Barreda Toscano - Doctor en Teología - Pastor - Orientación espiritual
17) Cristhian Gonzalez - Estudiante de Trabajo Social - Observador del Grupo de Hombres que ejercen violencia
18) Matías De Stéfano - Magister en Antropología - Coord. de grupos de Hombres que ejercen Violencia
19) Jheiser Sanabria Maturana - Psiquiatra - Especialista en Violencia Familiar - Especialista en Psiquiatría Infantil -
20) Diego Ortiz - Abogado - Especialista en Violencia Familiar - Capacitación e Investigación -
21) Carmen Umpierrez - Trabajadora Social - Especialista en Violencia Familiar - Supervisora de Estudiantes del Centro de prácticas -
22) Jorge Garaventa - Psicòlogo Clínico- Supervisor de los  Equipos que trabajan con Mujeres y niñez
23) Cynthia Adler - Psicóloga Clínica - Asistencia Individual - Coord. de Grupos de Mujeres en Situación de Violencia.

Gracias totales a todos y todas
Malena Manzato


lunes, 2 de octubre de 2017


Programa sobre Masculinidades - Canal Luz -"Vamos x más"

lunes, 5 de junio de 2017

El Equipo de profesionales de la Asociación, invita a hombres y mujeres poder "mirar" desde otro punto de vista una película que nos permitirá reflexionar.
Los y las esperamos el próximo 23 de junio a las 18,30 hs. Disfrutaremos la película y compartiremos un debate al final de la misma !!!

Ps.D. Analía Riverón

jueves, 1 de junio de 2017

Morir de éxito?

Cuatro apuntes sobre los desafíos de los estudios  sobre masculinidades ante el patriarcado contemporáneo .

Matías de Stéfano Barbero (*) 
CONICET - Universidad de Buenos Aires


Un vistazo rápido por medios audiovisuales, diarios, revistas, publicaciones de ficción y científicas constata que las masculinidades están de moda. Aunque esta afirmación podría resultar paradójica porque, históricamente, las publicaciones que tienen como centro a los hombres son exageradamente mayoritarias. Como menciona Kimmel (1992), todo aquello que no explicite en su título la palabra mujeres, habla en realidad de hombres. Sin embargo, no lo hacen, como diría Lagarde (1996), en tanto “sujetos genéricos”, esto es, evitando concepciones naturalizadas, esencialistas, homogeneizadoras, individualistas y acríticas de lo que “es” un hombre y atendiendo a los procesos por los que -parafraseando a Simone de Beauvoir- se “llega a ser” hombre.
Los estudios sobre masculinidades iniciaron su andadura en los países anglosajones, en los años ochenta del siglo XX, al abrigo de la tercera ola feminista. Desde entonces mucho se ha debatido y reflexionado y, si bien podemos considerar a los estudios sobre masculinidades mayores de edad, se encuentran aún en proceso de maduración. Involucrando a una multiplicidad de agentes (que incluyen movimientos y estudios feministas y sociales, medios de comunicación, Estados e instituciones, entre otros), este proceso se encuentra en un contexto local, regional y global donde la crítica de los estudios de género y el feminismo -desde donde considero que deberían partir los estudios de masculinidades- han trascendido las fronteras de la militancia y la academia con un riesgoso éxito. El riesgo radica en que a mayor éxito, mayor es la exposición al carácter reactivo del patriarcado, que muestra su resistencia al cambio renovando constantemente sus trampas, revitalizando su particular “sentido común” e instrumentalizando y vaciando de contenido nuestras herramientas conceptuales en un afán de erosionar el filo crítico de nuestras reflexiones. Por supuesto que los estudios sobre masculinidades no escapan a este desafío y corremos el riesgo de reproducir sesgos epistemológicos y analíticos que podrían hacerle el juego al patriarcado. Desde esta base sugiero cuatro apuntes a tener en cuenta para que los estudios de masculinidades no mueran de éxito a manos del patriarcado contemporáneo: la reducción, la esencialización y homogeneizacón, la individualización y la no problematización.

1. La reducción mercantilista de las masculinidades se evidencia en que, de un tiempo a esta parte, se han instalado en el centro de la escena lo que ha devenido en llamarse nuevas masculinidades. Más que una herramienta crítica de análisis este parece ser un concepto meramente descriptivo impulsado en parte por los medios de comunicación -aunque veremos que no exclusivamente-, que crean una suerte de ilusión de cambio cultural, anclándose en lo meramente estético: los nuevos hombres están más pendientes del espejo[1] y resignifican la potencia y el cuidado[2]. Luciano Fabbri, quien también escribe en este número de Andariegas, ha reflexionado al respecto, a propósito de las nuevas masculinidades futbolísticas: “estos nuevos modelos son funcionales al capitalismo, implican nuevos nichos de consumo”[3]. Como señala Leston (cit. Whelehan, 1995) pareciera que “el nuevo hombre existe fehacientemente en los portafolios de los creativos de las compañías de publicidad y que es otra forma de reafirmar el poder de los hombres”. Si bien la hegemonía no supone un control total, y puede ser fracturada, no encontraremos precisamente cuestionamientos en el mercado, sino la evidencia de cómo la hegemonía despliega procesos de hibridación que llevan a la masculinidad hegemónica a incorporar elementos de otras masculinidades históricamente subordinadas. Ejemplo de ello es cómo “la masculinidad hegemónica occidental ha incorporado elementos de las masculinidades gay” (Demetriou, cit. Connell, 2005), que han sido previamente visibilizadas, integradas y filtradas por el capitalismo como un nuevo grupo de consumo. Por otra parte, suele representarse a la nueva masculinidad con unos modelos de hombres y no con otros. Entonces, ¿desde dónde y cómo habitan el género las nuevas masculinidades, si son producto del mercado, blancas, de clase media y eminentemente heterosexuales? Esta perspectiva mercantilista de la masculinidad, cómplice con el capitalismo -pero también con el heterosexismo, el racismo y el clasismo- no pareciera constituirse como una herramienta útil para pensar críticamente las masculinidades, sino más bien como una estrategia de expansión de los límites del mercado, en una desactivación del potencial crítico para favorecer la (re)producción de masculinidades que seguirán sin contribuir al cambio político y social en las relaciones de género.

2. La esencialización y homogeneización de las masculinidades parten de la extendida confusión de sexo biológico con género. Sobre todo basándose en datos estadísticos, los estudios que diferencian por sexo los fenómenos sociales, han sido -en ocasiones- los disparadores de la aplicación de la perspectiva de género en lo relativo a los hombres (Nuñez, 2009). Sin embargo, las estadísticas -por ejemplo sobre suicidio, accidentes de tráfico, consumo de drogas, actos delictivos, etc.- no pueden ofrecernos información sobre los discursos y prácticas que nos ayuden a comprender a los hombres como sujetos genéricos. Esto es, basar estudios en datos estadísticos de quienes cumplimentaron el casillero de “sexo” definiéndose como hombres no sólo no implica estudiar con una perspectiva de género los procesos por los cuales las masculinidades configuran las prácticas de los hombres, sino que contribuye al imaginario erróneo de que existe efectivamente un colectivo homogéneo al que podemos etiquetar sin más como “hombres”. Introducir variables tales como clase, etnia, nivel educativo, edad, etc., no necesariamente evita la homogeneización, ya que no implica, per se, la utilización de una perspectiva interseccional que dé cuenta de cómo operan las masculinidades en conjunción con otras formas de opresión. Es frecuente encontrarnos titulares que reparan en que son los muchachos jóvenes de barrios periféricos y con escasa educación formal los que caen en la delincuencia y el consumo de drogas. Si en el primer supuesto corremos el riesgo de homogeneizar a “los hombres”, ahora corremos el riesgo de esencializar a los “hombres jóvenes pobres”. Lejos de ayudarnos a comprender cómo la subjetividad masculina interactúa según clases sociales, edad o educación, ayudan a instalar un imaginario relativo a la masculinidad adolescente de clase baja, donde pueden caber desde explicaciones biologicistas -hormonales- sobre la adolescencia, hasta racistas, culturalistas o clasistas (Núñez, ibíd.). Siguiendo a Connell (1995:61), “no debe ser suficiente con reconocer que la masculinidad es diversa, sino que también debemos reconocer las relaciones entre las diferentes formas de masculinidad: relaciones de alianza, dominio y subordinación. Estas relaciones se construyen a través de prácticas que excluyen e incluyen, que intimidan, explotan, etc. Así que existe una política de género de la masculinidad”, lo que nos llevará al siguiente punto.

3. La individualización es un riesgo que se corre incluso desde las ciencias sociales cuando se hace referencia a las nuevas masculinidades para referirse a aquellas encarnadas por hombres que “comparten” las tareas domésticas con sus parejas, muestran una “mayor dedicación” al ejercicio de su paternidad o una “mayor consideración” como amantes que los distancia de otras formas de masculinidad tradicional (Kimmel, ibíd.). Estas características parecieran inaugurar una era de apertura y pluralidad al modelo férreo de masculinidad hegemónica; una era donde, según Boscán (2008:106) “cada uno tiene la libertad de decidir la clase de masculinidad con la que más cómodo se sienta”. Como señala Kimmel, esta suerte de “psicología pop” de introspección masculina debería cuando menos despertarnos alguna suspicacia. Si el estudio de las masculinidades adquiere su coherencia como objeto científico en el ámbito más amplio de las relaciones de género, debemos tener en cuenta que detrás de estas concepciones puede albergarse una perspectiva individualista y reduccionista del género que, en cierta manera, atribuye principalmente a la voluntad individual las rupturas y continuidades con los modelos hegemónicos de masculinidad. Aún si diéramos por válida esta posición, cabría preguntarse ¿en qué medida estas prácticas erosionan la perpetuación de la subordinación de las mujeres -u otras masculinidades-, o el privilegio de los hombres? Una reflexión crítica individualizada sobre nuestra masculinidad no implica necesariamente una conciencia feminista y, por tanto, un compromiso con sus luchas. La masculinidad hegemónica puede definirse como la “configuración de la práctica de género que incorpora la respuesta aceptada, en un momento específico, al problema de la legitimidad del patriarcado, lo que garantiza (o se considera que garantiza) la posición dominante de los hombres y la subordinación de las mujeres” (Connell, ibíd.:117). Por ello, existe la posibilidad de que, sin atender a las relaciones de género, por ejemplo, al interior de un núcleo familiar, el mero hecho de “compartir” las tareas domésticas o asumir una “mayor dedicación” a la paternidad, sean actitudes para justificar el reclamo de autoridad de los hombres sobre las mujeres: un hombre que además de “sus tareas”, cumple con las que “no le son propias”, tiene mayores posibilidades de éxito en el reclamo de autoridad. Por otra parte, el sistema sexo-género, al tratarse de un sistema relacional, hace que los hombres, por más que “decidamos” no ejercer los privilegios que se nos adscriben por el mero hecho de serlo, estemos inscritos en estructuras que nos privilegian, aún contra nuestra voluntad. En esta línea, Segal (1991), afirma que el cambio no está tan relacionado con lo psicológico como con lo cultural y lo estructural, y que, por tanto, conseguirlo será mucho más complicado que simplemente “elegir” una masculinidad diferente de la hegemónica, justamente porque eso que podría parecernos una cuestión personal, es en realidad -parafraseando la máxima feminista- una cuestión política, ya que implica una amenaza profunda al patriarcado.

4. La no problematización del concepto “hombre” invisibiliza las disputas, incoherencias y contestaciones que las identidades lesbianas, queer y trans realizan de lo que la subjetivación de la masculinidad implica (Nuñez, 2009). Si adoptamos, un punto de vista dinámico y diacrónico, entenderemos la masculinidad -y la feminidad- como “proyectos de género” (Connell, 1995), siempre endebles, flexibles, cambiantes. La problematización del concepto “hombre” supone un reto epistemológico -e incluso metodológico- para quienes investigamos masculinidades, pero también supone un reto político. El mantenimiento de la hegemonía, en cualquiera de sus formas, necesita de esfuerzos constantes de invisibilización de las alternativas, de castración de la reflexividad y de ocultamiento de las grietas. Desde la perspectiva de una investigación aplicada e implicada, algo que puede parecer inútil, como preguntar a nuestros investigados si “son” hombres, “qué tipo” de hombres son y “por qué”, puede -además de generarnos algún momento intenso durante la entrevista- favorecer su cuestionamiento sobre una condición que suele ser tenida por estática, aproblemática e incuestionable, ayudando a desactivar la más efectiva de las trampas tendidas a los hombres por el patriarcado contemporáneo: que “eso del género es cosa de mujeres”.

Bibliografía
Boscán, A. (2008) “Las nuevas masculinidades positivas”, en Utopía y Praxis Latinoamericana, Año 13, Nro. 41, pp. 93-106.
Connell, R.W. (1995) Masculinidades. México: PUEG.
Connell, R.W.; Messerschmidt, J.W. (2005) “Hegemonic masculinity: Rethinking the concept”, en Gender and Society, 19, 829.
Kimmel, M. (1992) “La producción teórica sobre masculinidades: nuevos aportes”, en Fin de siglo. Género y cambio civilizatorio, pp. 129-138. Santiago de Chile: Isis internacional.
Lagarde, M. (1996) Género y feminismo: desarrollo humano y democracia. Barcelona: Horas y horas.
Nuñez Noriega, G. (2009) “Los ´hombres´ en los estudios de género de los ´hombres´: un reto desde los estudios queer”, en Ramírez, J.C. y Uribe, G. Masculinidades. El juego de los hombres en el que participan las mujeres, pp. 43-57. Madrid: Plaza y Valdés.
Segal, L. (1991) Slow motion: changing masculinities, changing men. New Brunswick: Rutgers University Press.
Whelehan, I. (1995) Modern feminist thought: From the second wave to “post-feminism”. Edimbourgh University Press. Traducción de José María Espada Calpe, 1998.





(*) Matías de Stéfano Barbero
Ha cursado sus estudios de Grado en Antropología en la Universidad Complutense de Madrid y la Maestría de Antropología de Orientación Pública en la Universidad Autónoma de Madrid. Actualmente (2015) es becario doctoral del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CONICET) y Doctorando en Antropología en la Universidad de Buenos Aires. Su tesis doctoral aborda las intersecciones entre violencia(s) y género en los Grupos Terapéuticos de Hombres Violentos en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina. Co-cordinador de los "Grupos de hombres que ejercen violencia a sus parejas" 




jueves, 23 de marzo de 2017

Congresista dominicana: "Si no me hubieran violado cuando niña"

"Si no me hubiesen violado cuando era niña y los adultos me hubieran creído, no hubiera sido trabajadora sexual", porque el varón niega sistemáticamente, la fuerza probatoria de tales indicios paranoicos: incluso cuando conservan el recuerdo de los hechos que registra la propia historia de arcángeles, liderazgos, monarquías, eclesiásticos, filosofía patriarcal,tiranías, guerras santas, raza superior, etc., mascaradas que prolongadamente recubren su irresoluble perversión y ambigüedad sexual.

Fuente: "Red no a la Trata" - Lic. Osvaldo Buscaya  (17 de marzo 2017) 
Años de abusos la llevaron a ser una trabajadora sexual. Haber conocido esa realidad, en República Dominicana, la alentó a unirse a otras mujeres y luchar por los derechos de la población más vulnerable.

"Si no me hubiesen violado cuando era niña y los adultos me hubieran creído, no hubiera sido trabajadora sexual", dice Jacqueline Montero, exprostituta que ahora ocupa un escaño en el congreso dominicano.Montero es diputada del municipio Bajos de Haina, uno de los más contaminados, con mayor índice de criminalidad y de embarazo adolescente, perteneciente a la provincia de San Cristóbal, en el sur de República Dominicana. 
"Cuando una no tiene ni qué comer, una sale con el primero (hombre) que aparezca". Jacqueline Montero, diputada del Congreso dominicano
La representante del Partido Revolucionario Moderno (centro izquierda), congresista desde agosto de 2016, de pequeña vivió en casa del esposo de su tía que abusó sexualmente de ella repetidas veces desde los nueve años, reseña 'Noticia al Día'.Estos vejámenes se unieron a los golpes de su madre y su hermano, hasta que decidió casarse a los 16 años para escapar de su realidad. Sin embargo, su pareja comenzó a beber y nuevamente fue víctima de la violencia física.
Cuando no hay qué comer
"Cuando una no tiene ni qué comer, una sale con el primero (hombre) que aparezca", dice Jacqueline, también presidenta del Movimiento de Mujeres Unidas (Modemu), que lucha por los derechos de las trabajadores sexuales, recoge 'Listín Diario'.La noche antes de prostituirse por primera vez intentó suicidarse lanzándose a un camión en movimiento que la esquivó y que resultó ser conducido por un allegado de su familia, que la llevó a casa.Una amiga, que supo de su intento fallido, le presentó una alternativa: "Pa’ estar tú matándote, mejor vente a cuerear (prostituirte) conmigo".Jacqueline, de 46 años, vendió su cuerpo por una década.  Recuerda que sentía nauseas cada vez que estaba con un cliente y que tenía que emborracharse para poder irse con hombres a la cama.
De prostituta a activista
Tras una golpiza de un cliente que se negaba a usar preservativo y un accidente que la dejó incapacitada por ocho meses, decidió cambiar su vida, recoge 'Diario Libre'.En 1998 comenzó a estudiar enfermería, aún siendo prostituta. Posteriormente trabajó en una clínica que atendía a trabajadoras sexuales y a pacientes con VIH.
En los años noventa creó la organización Modemu, junto a otras cuatro mujeres, para ofrecer capacitación en oficios, atender clínicamente y dar asesoría legal y sobre enfermedades de transmisión sexual a las prostitutas, que según cifras no oficiales, llegan a 200.000 en República Dominicana.En 2010 fue elegida como concejal de Bajos de Haina. Durante su gestión promocionó la capacitación de trabajadoras sexuales, que luego de graduarse dejaron de prostituirse, informa 'Diario Libre' citando a 'AP', y logró acuerdos con una institución bancaria para ofrecer microcréditos a mujeres emprendedoras.Desde 2015 es diputada y ha manifestado que someterá un proyecto de Ley para regular el trabajo sexual, con la finalidad de que cesen los abusos policiales y la discriminación contra quienes ejercen la prostitución.
 Nota subida por Malena Manzato